DE LA BOTA A LA SANDALIA

mayo 15, 2012 § 4 comentarios

VIVA EL VERANO

Ahora sí. Una vez más el verano ha llegado un lunes a las 11 de la mañana cuando nadie se lo esperaba. Yo he salido de casa con mi look entretiempo y antes de llegar al metro ya tenía los tobillos como las botas de Valverde del camino. En el vagón parecía que había un concurso del invierno contra verano, mi vecina de asiento llevaba un completo de chupa de cuero, pañuelo, botas y jersey de cuello cisne, he estado a punto de preguntarle dónde llevaba los guantes. Enfrente dos quinceañeras pegadas a sus blackberrys y pintadas de saturdaynight se habían lanzado al verano, y no sólo habían prescindido  de calcetines, chaqueta y pañuelo, sino también de sujetador, quién pillara los quince, ¿pero cuándo se han hecho la pedicura?.

Cuando he llegado al curro ya había gente con marcas de sudor y me he tirado en plancha al google a investigar si esta vez iba en serio, o era otro amago como el que tuvimos en febrero, en marzo y un par de horas en abril. Y tengo que comunicaros que esta vez parece que es la buena, el verano ha llegado. Así que me he metido en el baño dispuesta a quitarme las medias y dejar los pinrreles al viento y me he dado cuenta de que no era necesario encender la luz, mis dos bocatas de queso brillaban en la oscuridad como si fueran los dientes blancos de Ross en aquel capitulo de Friends, y como todos los años me he descubierto un par de venillas y manchas nuevas que el año pasado seguro, seguro que no tenía.

Al final he pasado millas y me he vuelto a poner las medias, y claramente he acertado porque mi compañera de al lado que siempre se adelanta, me ha recordado lo duros que son los primeros días sin calcetines. Y es que los pies necesitan entrenamiento, al principio no se acostumbran y te salen unas rozaduras rosas que luego evolucionan en ampollas de las que emana un liquidillo amarillo, muy de Poltergeist , y que son claramente identificables cuando recorres los dos kilómetros que te separan de tu coche. Y yo encima en metro, pues eso que dejo para otro día más propicio mi destape veraniego porque hoy me toca pasar calor, mientras me pregunto cuándo habrá sacado la gente la ropa de verano, y en que parte del altillo tengo yo las sandalias.

A la hora de la comida hemos salido al menú del día y por supuesto hemos sucumbido a la tentación de la terraza con toldo. Menuda torradera, el menú de 10 nos ha acabado costando 20 pavos porque la bebida se ha multiplicado por tres, y creo que nos han cobrado el hielo de los cafés. Yo por supuesto rasca que te rasca con las medias achicharradas, eso sí, con disimulo que queda raro, y mi compi venga a sacar servilletas para tapar las rozaduras de los zapatos. Y todos allí sudando y  comiendo un gazpacho extra de ajo que con el calor y el sopor de la tarde iba a repetir a las mil maravillas.

Luego en el camino de vuelta no encontraba las gafas de sol y tenía la tensión por los suelos pese a las dos cocacolas, pero cuánta luz Dios mío¡¡¡. La verdad es que no me gustan los días sin nubes, esos cielos a pelo sin una triste nubecilla protectora me producen gran temor, sobre todo porque me recuerdan a la época en que nos arrasábamos en la playa como pollos asados, media hora por delante, media hora por detrás y luego vuelta a empezar. Una capita de aceite de zanahoria y otra de crema de té o un poco de nívea con mercromina, menudo moreno betunero que nos pillábamos, a mi me salían tantas pecas que parecía un salteado de verduras a la brasa.

Pero esos tiempos ya pasaron, ahora llevo la crema protección cincuenta siempre en el bolso y me la doy a doble capa, arriesgándome a salir en las fotos como la madre de casper el fantasma, y no hay pamela o gorrito veraniego que se resista, aunque parezca doña croqueta. Y si me toca playa, voy un ratito me doy un baño y luego busco el mercadillo de antigüedades más cercano y me doy al vicio. Si es que cada cosa tiene su edad…. Ahora voy a meter un ratito la cabeza en la nevera que el sol sigue apretando.

Y después del turrón, un poco de inspiración.

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